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valoración: 3,5 de 5 |
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| de Cristina Fernández |
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| tít. original: |
Los amantes del Círculo Polar |
| año: |
1998 |
| duración: |
114 min. |
| país: |
España |
| director: |
Julio Medem |
| guión: |
Julio Medem |
| fotografía: |
Gonzalo Fernández-Berridi |
| música: |
Alberto Iglesias |
| reparto |
Fele Martínez, Najwa Nimri, Nancho Novo, Maru Valdivielso, Jaroslaw Bielski, Peru Medem, Sara Valiente, Victor Hugo Oliveira, Kristel Díaz, Pep Munné, Rosa Morales, Joost Siedhoff, Beate Jensen |
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Con una estética sumamente reconocible (desde el primer fotograma), arranca esta sutil y apasionada experiencia de sentimientos, íntimos, que llevan a la locura a dos personas que se amaron desde siempre y para siempre.
Medem nos cuenta este viaje desde dos puntos de vista, los de los dos enamorados que ya desde la más tierna infancia fantasearon con una vida juntos, uno por fascinación y otro por ausencia, y que aprenden a amarse hasta su propio abismo y demencia, la cual encauza los momentos de ambos, lo que les hace actuar como actúan.
Las coincidencias marcan igualmente el rumbo de esta historia, donde encontramos el juego constante con la dualidad de la ensoñación, el amor encontrado y mantenido por la ley de las dos mitades, la unión de las partes que construyen el todo, circunstancias que empiezan y acaban del mismo modo, empezando (o acabando) con los nombres de los protagonistas, Ana y Otto, palíndromos-capicuas, que marcan la pertenencia y la coincidencia, el círculo vital que les une, que hace que uno llegue donde acaba el otro.
En este ambiente de lo intangible flota el pasado y presente narrado doblemente por cada uno de ellos. Estos personajes que son la base de todo, son los que Medem gusta de torturar, llevarles al extremo de todo su mundo y en este caso, del planeta. Es en el círculo polar donde se produce el reencuentro de dos mitades solo separadas en la distancia, siempre unidas como un destino que supera las barreras del celuloide, adquieren una profundidad propia e individual fuera de la pantalla.
Medem siempre sabe llevarnos al límite de los sentimientos, arrancándonos las lágrimas que sutilmente se aferran a nosotros, nos muestra las pasiones más exarcerbadas de la condición humana, historias irreales, oníricas que hablan de lo que menos podemos controlar, la casualidad, que es quizá lo que marca nuestras existencias.
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