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| Esta es una de esas pequeñas joyas que pasan desapercibidas en las grandes carteleras atestadas de grandes superproducciones.
Conor McPherson nos brinda un divertido carrusel de situaciones construidas desde la sinceridad de quien hace algo que adora. Uno de los puntos a destacar es el sentido del humor con que trabaja, enfrentando a una niña de 9 años más lúcida que algunos en plena crisis de los 40, y a un viejo actor interpretado por Michael Caine, que empieza a saborear sus últimos trabajos con la esperanza de dar aún el gran salto.
El cambio de rumbo de las vidas de este actor, O'Malley, y su joven compañero de escena, Tom, interpretado por Dylan Moran, a quien hemos visto en uno de sus últimos papeles en Shaun of the dead (2004), se fuerza a base de un descuido. Este aspirante a actor decide involucrarse en un timo elaborado por O'Malley para acabar con sus penurias económicas. Se trata de hacerse pasar por una especie de cobrador del frac haciendo uso de sus dotes artísticas, hasta que los planes empiezan a desmoronarse.
Consecuentemente se verá forzado a interpretar a varias personas para salvar su pellejo, llegando así a hacer el papel de su vida, cosa que Dylan Moran hace con total credibilidad y acierto. Destacamos como siempre la participación del veterano Sir Michael Caine quien pone la guinda a un pastel perfectamente elaborado y dulce en su justa medida.
La sencillez y la buena puesta en escena, añadidos a unos diálogo en ocasione de lo más ocurrente, convierten a este film en un muy recomendable pasatiempo.
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