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Tan mítica como transgresora “Akira” supuso en 1988 una revolución en lo que a animación se refiere, así como el reconocimiento a Katsuhiro Otomo (su autor) que si bien en la película no pudo desarrollar toda la aventura de su manga si pudo al menos capturar esa atmósfera inquietante e incluso claustrofóbica en ocasiones de la que dotó al best seller.
“Akira” es una película rápida y sorprendente de principio a fin tan recomendable a otakus (aficionados a la animación japonesa) como a cinéfilos, en la que se muestra un Japón post-apocalíptico en el año 2019, donde la sociedad se recupera de las heridas abiertas durante la tercera guerra mundial, en el que la violencia callejera, las crisis políticas y la inseguridad en general son comunes; y en donde una pandilla de motoristas juveniles se verá inmersa en un secreto experimento llevado a cabo por militares que terminará por descontrolarse, dando lugar a una fuerte lucha entre uno de los pandilleros (Tetsuo) contra el que antaño hubo sido su mejor amigo (Kaneda), pero sin duda alguna el mayor enfrentamiento de Tetsuo será contra si mismo luchando por controlar los poderes que desarrolle durante el fatídico experimento.
En lo que al dibujo se refiere se han de destacar dos puntos importantes, el primero de ellos es la tímida tendencia de Otomo a la caricatura y el segundo es la inefable perfección del trazo a la hora de crear los edificios; claro que estos dos aspectos no solo se dan en la película sino en toda la obra del autor, decir también que aunque han pasado casi dos décadas la calidad mostrada en el dibujo de “Akira” nada tiene que envidiar a las nuevas producciones.
El guión de la película está sacado del manga homónimo, resumiendo trama y omitiendo personajes (algunos de ellos claves en el cómic) al margen de esto el guión resulta no sólo original sino también profundo llegando incluso a diluirse en la ambigüedad (hecho que ayuda a que el filme sea impactante, ya que hasta entonces ninguna película de animación había tratado temas más allá de la amistad o similares)
Quizás el punto flaco de la película es que no sea capaz de mantener ese dinamismo del que hace gala durante los primeros 25 minutos de metraje en los que no hay ni un solo momento de respiro para el espectador ya que no paran de ocurrir cosas, a partir de los cuales el desarrollo de los acontecimientos transcurre de una forma más pausada, llegando en ocasiones a rozar una lentitud excesiva; lo que si se mantiene es una leve atmósfera de incertidumbre.
Sin duda alguna “Akira” es toda una obra maestra llevada a cabo por el incombustible Katshuiro Otomo (Uno de los mangakas más respetados dentro y fuera de Japón) del cual también destacan mangas como “Domu” (que aunque literalmente signifique “sueños infantiles” llegó a España bajo el título de “pesadillas”) del que “Akira” bebe directamente, y otras películas como “Spriggan”, “Memories” o la más reciente “Steamboy”.
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