Conclusiones
El engaño, de eso trata F for Fake, de engañar, de hacernos creer lo que no es, de convertir en realidad la ficción, de avisarnos antes de tiempo que así va a ser y avisarnos de ello durante toda la narración.
Orson nos toma el pelo con su ¿falsa? humildad con sus avisos, con ejemplos cómo los planos que visionamos a traves de un monitor de la sala de montaje para dar paso al siguiente corte, otra vez metidos en la historia.
Cómo en mitad de la película, que se estropea el magnetoscopio y Orson dice "hay que volver a empezar".
Con la idea constante de que la narración es ilógica hasta que descubrimos de golpe que nos estamos enterando de todo...
La humildad de la primera frase de Kane / Orson en CK sigue latente, Welles nos avisa, nos previene, pero aún así, caemos en su trampa.
No logramos diferenciar lo real de lo ficticio y, una vez más, se sale con la suya: hacernos disfrutar y confundirnos para que una "simple" película se convierta en una gran "pregunta", en dudar sobre lo que suponemos que es real... y, señores, ¿acaso no es ese el cimiento más estable de toda obra de arte?.
Pero quien tenía la ultima palabra no era el público, sino los expertos, y fueron aquellos, los que sucumbidos por el poder del dinero no olvidaron la importancia que sus decisiones tienen sobre lo que es correcto o no, los mismos que destrozaron su opera prima.
Ciudano Kane estuvo 10 años en el anonimato gracias a los esfuerzos de William Randolph Herst, lo que hizo que la carrera de Welles cayese en picado si hacemos caso a sus éxitos de taquilla: sin buena taquilla no hay dinero y sin dinero no se la puede jugar uno en siguientes producciones.
Este transición de lo más alto a lo más bajo llevó a Welles a buscar por todo el mundo subvenciones para sus proyectos, consiguiendo lo mínimo para rodar y exprimiendo al máximo su genialidad para poder convertir unas cuantas monedas en oro.
F for Fake es una película barata, de reciclaje de planos y personajes, y aun así es una obra maestra. Pero claro, América y Gran Bretaña no olvidaron sus desacuerdos con Welles y tiraron por tierra todo su trabajo.
Abatido sufrió otra gran decepción por parte de la industria pues al "saco" se unió Francia que quería hacerse con la autoridad de la película. Una vez más Orson había fracasado ante un grupo de expertos desagradecidos (¿qué esperar de los que son blanco de nefastas críticas?) y mostraba su descontento al confesar que era uno de los golpes mas duros de su carrera porque creía haber inventado una nueva forma de hacer cine.
Orson ya ha muerto y no sería justo llenar de tierra el pozo de la hacienda de Antonio Ordóñez, donde se encuentran sus cenizas, por eso ahora, cuando ya no lo necesita, nadie tiene ninguna duda sobre su genialidad, de su capacidad de creación, de ser el padre del cine moderno... de ser, a fin de cuentas, el mayor falsificador de ilusiones de la historia del cine.
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